Formacion de las celulas de la sangre

Composición de la sangre

La hematopoyesis (/hɪˌmætəpɔɪˈiːsɪs, ˌhiːmətoʊ-, ˌhɛmə-/,[1][2] del griego αἷμα, ‘sangre’ y ποιεῖν ‘hacer’; también hematopoyesis en inglés americano; a veces también h(a)emopoyesis) es la formación de los componentes celulares de la sangre. Todos los componentes celulares de la sangre se derivan de las células madre hematopoyéticas[3][4] En una persona adulta sana, se producen aproximadamente 1011-1012 células sanguíneas nuevas al día para mantener los niveles de estado estable en la circulación periférica[5][6][página necesaria].

Las células madre hematopoyéticas (CMH) residen en la médula ósea y tienen la capacidad única de dar lugar a todos los tipos de células sanguíneas maduras y tejidos[4] Las CMH son células autorrenovables: cuando se diferencian, al menos algunas de sus células hijas permanecen como CMH, por lo que el conjunto de células madre no se agota. Este fenómeno se denomina división asimétrica[7] Las otras hijas de las CMH (células progenitoras mieloides y linfoides) pueden seguir cualquiera de las otras vías de diferenciación que conducen a la producción de uno o más tipos específicos de células sanguíneas, pero no pueden renovarse. El conjunto de progenitores es heterogéneo y puede dividirse en dos grupos: las CMH autorrenovables a largo plazo y las CMH autorrenovables sólo de forma transitoria, también llamadas de corto plazo[8].

Producción de sangre

El proceso de producción de células sanguíneas se denomina hematopoyesis. Las células sanguíneas se producen en la médula ósea. Es un tejido esponjoso situado en el interior de algunos huesos. Contiene células madre jóvenes llamadas células madre. Estas células madre formadoras de sangre pueden convertirse en los tres tipos de células sanguíneas: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Estas células madre hematopoyéticas hacen copias de sí mismas y también producen células sanguíneas maduras. Cuando las células sanguíneas son completamente maduras y funcionales, salen de la médula ósea y entran en la sangre. Las personas sanas tienen suficientes células madre para seguir produciendo todas las células sanguíneas que necesitan cada día.

Hematopoyesis

Los glóbulos rojos (RBC) maduros son el resultado de un proceso finamente regulado llamado eritropoyesis que produce 2 millones de RBC cada segundo en adultos humanos sanos (Palis, 2014). El modelo estándar de la eritropoyesis comienza con las células madre hematopoyéticas (HSC) en la médula ósea (BM), dando lugar a progenitores multipotentes que pasan a ser precursores eritroides de los glóbulos rojos maduros. Sin embargo, esta relación jerárquica es cuestionada, mostrando una mayor plasticidad para los destinos potenciales de la célula, con varios estudios en ratones (Adolfsson et al., 2005) y nuevos datos recientes en humanos (Notta et al., 2016).

La maduración a partir de precursores eritroides comprometidos se denomina eritropoyesis terminal y se produce en la médula ósea dentro de las islas eritroblásticas, que consisten en un macrófago central rodeado de eritroblastos, y termina en el torrente sanguíneo donde los reticulocitos completan su maduración en 1-2 días. Durante esta fase, los proeritroblastos (Pro-E) sufren cambios morfológicos, como la reducción del tamaño celular y la condensación de la cromatina, producen proteínas específicas, como la hemoglobina, y muestran una capacidad proliferativa reducida para dar lugar a eritroblastos basófilos (Baso-E), policromatófilos (Poly-E) y ortocromatófilos (Ortho-E), sucesivamente. Aunque se conocen varios factores de crecimiento que regulan la eritropoyesis, la Epo es el principal regulador de la eritropoyesis que impulsa la proliferación y diferenciación de los precursores de los glóbulos rojos, evitando la apoptosis de los eritroblastos (Koury y Bondurant, 1990; Ji et al., 2011). La interacción macrófago-eritroblasto en la médula ósea es esencial, ya que los macrófagos facilitan la proliferación y la diferenciación y proporcionan hierro a los eritroblastos (de Back et al., 2014).

Glóbulos rojos

La producción de elementos formes, o células sanguíneas, se denomina hemopoyesis. Antes del nacimiento, la hemopoyesis se produce principalmente en el hígado y el bazo, pero algunas células se desarrollan en el timo, los ganglios linfáticos y la médula ósea roja. Después del nacimiento, la mayor parte de la producción se limita a la médula ósea roja en regiones específicas, pero algunos glóbulos blancos se producen en el tejido linfoide.

Todos los tipos de elementos formados se desarrollan a partir de un único tipo de célula: la célula madre (células pleuripotenciales o hemocitoblastos). A partir del hemocitoblasto se desarrollan siete líneas celulares diferentes, cada una de ellas controlada por un factor de crecimiento específico. Cuando una célula madre se divide, una de las «hijas» sigue siendo una célula madre y la otra se convierte en una célula precursora, ya sea una célula linfoide o una célula mieloide. Estas células siguen madurando hasta convertirse en diversas células sanguíneas.