Que es formacion integral del ser humano

Liberación humana integral

«Estamos perdiendo la actitud de asombro, de contemplación, de escucha de la creación y así ya no logramos interpretar en ella lo que Benedicto XVI llama «el ritmo de la historia de amor entre Dios y el hombre»»

El Santo Padre ha ofrecido hoy una hermosa catequesis sobre lo que significa ser humano4 de abril de 2017El Papa Francisco se dirigió hoy a un encuentro en el Aula del Sínodo del Vaticano en reconocimiento del cincuenta aniversario de la encíclica Populorum Progressio de Pablo VI. El pontífice aprovechó la ocasión no solo para subrayar la unidad a través de las décadas en las enseñanzas papales. También ofreció uno de los resúmenes más sucintos y conmovedores de sus prioridades para la Iglesia.

Jugando con la palabra «integrar», un verbo, dijo, que es «muy querido para mí», el Papa Francisco estableció conexiones definitivas entre la encíclica de Pablo VI y Laudato Si’. También destacó muchos de los temas más potentes de su pontificado, como su disgusto por la desechabilidad (de personas y recursos), así como su deseo de reunir elementos dispares de la condición humana.

Desarrollo humano integral en el espíritu empresarial

El desarrollo económico por sí solo no es suficiente para crear una sociedad justa. Las personas y las comunidades tienen necesidades materiales, pero el florecimiento y el bienestar humanos tienen también dimensiones espirituales, sociales, culturales y políticas. La Doctrina Social Católica adopta un enfoque holístico o integral del desarrollo. Sitúa a las personas, y no a la economía, en el centro del desarrollo. El desarrollo es para las personas. Hemos sido creados por Dios por amor y estamos llamados a desarrollar los dones que Dios nos ha dado, a crecer como personas y a buscar nuestra realización. Por eso describimos nuestro pensamiento sobre el desarrollo como integral y humano.

«El desarrollo no puede limitarse al mero crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser completo: integral, es decir, tiene que promover el bien de cada persona y de toda la persona». (Papa Pablo VI, Populorum Progressio, n 14)

El desarrollo es tanto comunitario como personal. Nuestro desarrollo personal tiene lugar en el contexto del desarrollo de nuestras comunidades. Nos ayudamos mutuamente a crecer y desarrollarnos por el bien de todos. Una sociedad justa es inclusiva. La Doctrina Social Católica promueve el desarrollo humano integral para cada persona, cada comunidad y todos los pueblos.

Blog sobre dignidad y desarrollo

Parece un poco extraño estar publicando en este blog en medio (o, quizás, al principio) de una pandemia mundial y una emergencia nacional sobre un tema que no es el coronavirus. Toda la discusión intelectual y política parece haber convergido en ese tema.  No obstante, para quienes estén interesados en otras noticias, puntos de vista y debates de actualidad basados en el pensamiento social católico, continuaremos con este blog sobre una serie de temas, aunque la próxima semana analizaremos algunos aspectos de la crisis del virus de la corona.

El post de la semana pasada destacaba el éxito de la globalización en la reducción tanto de la pobreza como de la desigualdad. Sin embargo, el desarrollo en la doctrina social católica no se refiere únicamente al desarrollo material. Se podría argumentar que tanto la izquierda (incluidas las organizaciones benéficas de desarrollo -quizás incluso las católicas-) como los partidarios de los mercados cometen el error de equiparar el desarrollo con el alivio de la pobreza. Los objetivos de desarrollo de las Naciones Unidas van más allá del alivio de la pobreza pero, una vez más, no coinciden con el principio de la doctrina social católica del «desarrollo humano integral».

Desarrollo integral de la persona

El Papa Pablo VI expuso en 1967 una visión atractiva y bastante creativa del desarrollo genuino e integral[1] Al abordar las divisiones entre las naciones desarrolladas y las subdesarrolladas, el Papa Pablo promovió un concepto exigente de desarrollo integral que invitaba al lector a imaginar dos focos de progreso: toda la persona y cada persona. Antes de que podamos esperar detectar el progreso social a nivel nacional o incluso mundial, el desarrollo debe comprometer primero a cada persona en el trabajo de autorrealización.

Pablo cuestionó la injusticia del libre comercio sin trabas, la imposición de restricciones comerciales interesadas, la ayuda al desarrollo y el apoyo a las naciones más pobres. Un orden económico justo debe construirse, no sobre los rígidos principios ideológicos del capitalismo de libre mercado, sino sobre la solidaridad con los pobres, el diálogo, la caridad universal y los cambios estructurales que promueven la seguridad económica para todos en el contexto de una economía de mercado prudentemente regulada y bien ordenada.

La segunda parte de la visión de Pablo era aún más amplia, insistiendo en que «el desarrollo completo del individuo debe unirse al de la raza humana y debe lograrse mediante el esfuerzo mutuo»[4]. Reconoció un nuevo «hecho moral»[5]: la interdependencia que conecta a cada persona con los problemas de la distribución desigual. Calificó de «deber de solidaridad» a los individuos y a las naciones[6], y a las naciones avanzadas de grave obligación de ayudar a las que están en vías de desarrollo.